El desarrollo de Vaca Muerta no solo impulsa la producción de petróleo y gas, sino que también consolida un segmento históricamente relegado en la Argentina: el midstream, vinculado al procesamiento, acondicionamiento y transporte de hidrocarburos.

Este eslabón intermedio de la cadena energética resulta clave para adecuar el gas y el petróleo a las condiciones técnicas necesarias para su transporte y posterior comercialización. Incluye la separación de impurezas y de los distintos componentes del gas natural, así como su traslado hacia polos industriales o de exportación.

En ese proceso, el cambio en la composición del gas proveniente del shale introduce un factor económico relevante. Mientras que históricamente el gas contenía cerca de un 90% de metano, con la expansión del no convencional esa proporción pasó a 80%, aumentando la presencia de líquidos del gas natural (NGLs) como etano, propano y butano, que tienen mayor valor comercial.

Estos subproductos se destinan a la industria petroquímica, la producción de gas licuado para consumo domiciliario y exportaciones. En términos de precios, mientras el metano se comercializa en torno a los US$3 a US$4 por millón de BTU en el mercado local, los líquidos asociados alcanzan valores de entre US$6 y US$7 por millón de BTU, lo que refuerza el atractivo económico del procesamiento.

El crecimiento de este negocio está acompañado por inversiones en infraestructura. Entre los principales actores se encuentran Compañía Mega, Transportadora de Gas del Sur y Oleoductos del Valle, junto con otros operadores del sistema de transporte y almacenamiento.

En este contexto, varias compañías avanzaron con proyectos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, orientados a ampliar la capacidad de procesamiento y exportación. TGS, por ejemplo, anunció una inversión de US$3.000 millones para elevar su capacidad de tratamiento de gas desde 28 a 43 millones de metros cúbicos diarios, además de construir un poliducto y una planta de fraccionamiento que permitirá producir 2,7 millones de toneladas anuales de líquidos, con exportaciones estimadas en US$1.200 millones por año hacia 2030.

Por su parte, Compañía Mega prevé ampliar su planta en Bahía Blanca tras una inversión de US$260 millones, con el objetivo de incrementar su capacidad de fraccionamiento y avanzar en un nuevo proyecto por US$360 millones, también bajo el paraguas del RIGI. Según el esquema previsto, el 80% de la producción adicional estará destinada a exportación.

El desarrollo del midstream aparece así como un complemento necesario para sostener el crecimiento de la producción en Vaca Muerta. Sin capacidad de procesamiento y evacuación, el incremento en la extracción de hidrocarburos encuentra límites operativos.

Al mismo tiempo, la mayor disponibilidad de subproductos abre oportunidades comerciales en mercados externos. Países como Brasil e India demandan propano y butano para abastecer el consumo de gas licuado, en un contexto de reconfiguración de los flujos energéticos globales.

Con este escenario, la expansión del midstream se consolida como uno de los vectores centrales para capturar mayor valor agregado en la cadena del gas, en paralelo al avance de proyectos de exportación de GNL y petróleo desde la Cuenca Neuquina.

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